Les presentamos al vendedor de bebidas más famoso de Curazao.
Día tras día, lo verán trabajando incansablemente en el concurrido cruce de Brievengat en Willemstad; desde la mañana hasta la noche, bajo el sol abrasador, sobre el asfalto caliente: Rolando Adriana, un joven alto y amable, de piel morena, sonrisa radiante con dientes blancos deslumbrantes y cabello recogido en rastas. Cada vez que el semáforo se pone en rojo, comienza la cuenta regresiva: camina con paso ligero entre las filas de autos, ciclo tras ciclo de semáforo en rojo, intentando entregar sus productos a los conductores a tiempo. Y a sus numerosos clientes habituales. Porque Rolando es tan parte del cruce de Brievengat como el Puente Emma lo es de Willemstad. ¡Siempre amable, siempre de buen humor!